Sofía se sorprendió de que Fernando hubiera adivinado algo. Volvió a asentir.
—La verdad es que sí. Se trata de tu padre...
—¿Él? — Fernando frunció el ceño. —¿Fue a molestarte otra vez?
Sofía negó con la cabeza.
—Se hizo arrestar por meterse en algún problema.
Fernando no mostró ni un ápice de tristeza al oír la noticia. De hecho, parecía contento.
—¿De verdad? Eso significa que no podrá encontrarte y causarte más problemas, ¿verdad?
—¿No estás enfadado? —preguntó Sofía, confusa,