—¡Dra. López!—Julio rechinó los dientes por la rabia.
Pero a Sofía no le importaba. De verdad no le importaba si Julio estaba bien, es más, deseaba verlo entrar en pánico, pero como doctora, no podía hacerle algo así a un paciente.
Sí, a un paciente. A sus ojos, Julio era un paciente en ese momento.
Nadie se desmayaría por miedo a la oscuridad a menos que tuviera problemas psicológicos graves o hubiera experimentado algo que le hiciera reaccionar negativamente ante la oscuridad.
—Era una