—¿Te das cuenta ahora? —María sonrió. Pensó que lo había dejado claro.
Jaime la miró un momento antes de decir:
—Déjate de tonterías. No quiero hacerles nada a los Rodríguez, así que ven conmigo. No te metas conmigo—estaba perdiendo la paciencia.
—¡Jaime Sánchez! —María rechinó los dientes, mirándole con odio—¿Sigues tonteando? ¿Crees que estoy de broma? ¿Crees que todavía me gustas? —había un fuego en su corazón que pedía ser liberado.
Jaime no dijo nada, pero los ojos de María se lo di