Después de dejar a Sofía y a los dos niños a Orihuela, Julio se dirigió inmediatamente a su empresa. En los días que había estado fuera, se habían empezado a acumular muchos asuntos. Ante la noticia de su muerte, mucha gente empezó a ponerse nerviosa. Fue la oportunidad perfecta para que Julio se ocupara de quienes albergaban malas intenciones hacia él.
Poco después de que Sofía llegara a casa, Antonio y Francisco aparecieron de visita. Cuando llamaron a la puerta, Juan les abrió. Los miró con