El hombre se acercó hasta situarse frente a ella.
—¿Julio... César? —Ella miró incrédula el rostro familiar preguntándose si sería una ilusión.
—Sí. ¿Puedes andar? —A Julio le invadió una inexplicable mezcla de emociones al encontrarla sana y salva. Le entraron unas ganas terribles de abrazarla, pero decidió actuar con cautela, temeroso de que rechazara su contacto.
Ella asintió aturdida y no preguntó sobre su llegada. Miró a Juan, que estaba en sus brazos.
—¿Puedes levantarlo?
—Claro —