Como su asistente, Alejandro no pudo evitar estremecerse. Sabía que el presidente estaba realmente enojado.
Daniela levantó la cabeza, sin mostrar ninguna emoción en su rostro, y dijo con calma:
—No tengo otra opción, si no me caso contigo, tendré que hacerlo con el gordo de la familia Llan.
—¿Crees que así podrás casarte conmigo? —Se burló Julio, sin entender de dónde sacaba Daniela tanta confianza. ¿Qué podían probar con solo dos fotos de ellos acostados juntos? Él sabía muy bien que no había