Esta noche, Mariana estaba tan emocionada que no pudo conciliar el sueño. Al despertar al día siguiente, las ojeras prominentes asustaron a Antonio.
—¿Qué pasa? ¿Te sentiste mal anoche?— preguntó preocupado, pensando que Mariana podría no haber dormido bien debido a alguna incomodidad.
Mariana, sin atreverse a decir que estaba demasiado feliz para dormir, respondió de manera evasiva:
—No es nada, solo estuve jugando con el teléfono hasta tarde.
—Tonterías, ¡no debes quedarte despierta hasta tar