Mientras tanto, el ambiente en la casa de Julio era mucho más tranquilo que en la de Diego. Había preparado varios platos, y aunque no eran tan elegantes, seguían siendo lo suficientemente nutritivos y hogareños para los tres: el abuelo, el nieto y el mayordomo.
—Acompáñenos, señor Manuel —Julio llamó a Manuel, que estaba en la puerta.
Solían permitir que, durante las fiestas, Manuel se reuniera con su familia, pero desde que el estado del viejo César había empeorado, ya no podían dejar al ancia