Detrás de ellos, María y Juan caminaban juntos. La noche de invierno era gélida y María no pudo evitar sentir un escalofrío. Lamentó haber aceptado salir a pasear con Sofía y los demás. ¡Hacía mucho frío! Deberían haberse quedado en casa descansando en lugar de aventurarse afuera. María se preguntó internamente por qué se sometían a ese tormento.
Mientras se quejaba en silencio, de repente sintió una cálida sensación que la envolvía. Se giró y notó que Juan le había colocado su abrigo sobre los