MAGGIE
Me siento al lado de Diego, pero el silencio entre nosotros es abrumador. El motor ronronea suavemente, pero no es suficiente para llenar el vacío.
Quiero decir algo, cualquier cosa, pero no sé por dónde empezar. No quiero echarle en cara lo que ha pasado, no ahora. Aunque estoy enfadada, también estoy preocupada. Su mandíbula sigue apretada, sus nudillos ensangrentados descansan sobre el volante, y la tensión en su cuerpo se siente como un muro entre los dos.
—¿Te duele? —mi voz rompe e