Sentí una mano rozar mi brazo cuando de repente, un sonido seco resonó a mis espaldas.
El carro frenó bruscamente, y por un segundo, el tiempo pareció detenerse. Me giré y solo para ver que el hombre que me había alcanzado estaba en el suelo, retorciéndose de dolor. Frente a él, Alexei, con una mirada furiosa, sostenía una pistola en su mano. No había disparado, pero el golpe había sido suficiente para detener al secuestrador.
—¿Crees que puedes escaparte tan fácilmente, Elena? —su voz era