Damián
El grito de Emma resuena en mis oídos justo cuando estoy por abrir la puerta.
—¡No abras la puerta!
Me detengo en seco y la miro, confundido. Su reacción me toma desprevenido. Aunque el toque a la puerta también me ha sorprendido, la forma en que ella parece tan nerviosa es... extraña.
— ¿Ocurre algo, Emma? —pregunto, sin apartar la mano del picaporte.
Ella se retuerce las manos y lanza una mirada ansiosa hacia la puerta.
— ¿Quién podría ser a estas horas y en medio de la nada? ¿Tú le inf