EMMA
El silencio tras las palabras de Damián es ensordecedor. Samuel me mira con el ceño fruncido, claramente furioso por lo que acaba de escuchar, pero yo no puedo apartar la vista de Damián.
Su confesión, tan inesperada como contundente, retumba en mi cabeza una y otra vez: “Estoy dispuesto a todo por recuperar a la mujer que amo.”
Mis dedos se tensan alrededor de la tela de mi camisa, un hábito nervioso que no he podido abandonar.
Mi corazón late con fuerza, y la mezcla de emociones