Capítulo 59: Eres mi debilidad.
El trayecto de regreso al interior de la casa fue un silencio cargado de electricidad. Mathew no soltó la mano de Ivy en ningún momento, pero su toque ya no era el de un amante; era el de un dueño que acaba de notar una grieta en su caja fuerte. Una vez que cruzaron el umbral de la moderna edificación de cristal y piedra, Mathew cerró la puerta con un golpe seco, dejando fuera el sonido del mar y la vigilancia de sus hombres.
Estaban a solas. El aire acondicionado golpeó la piel caliente de Ivy