La forma en que los recuerdos eran como espinas clavándose en lo más profundo de su alma le generaba noches de insomnio a Ivy, si bien habían pasado años desde aquel momento en el cual fue secuestrada y torturada durante días, ni todas las citas con el psicólogo le habían hecho superar aquel incidente, solo avanzar para continuar con su mísera existencia. Cuando despertó y observó la foto en la mesita de noche del padre de Mathew junto a su verdugo esos sentimientos negativos se intensificaron