Yo me quedo mirando a Tania, una sonrisa juguetea en sus labios. Probablemente conoce a alguien en el lugar. Avanzamos hacia el portero, un hombre alto y fornido, de tez morena, su mandíbula cuadrada le da una apariencia imponente. Noto cómo sus ojos se iluminan al ver a Tania y, con un gesto efusivo, la saluda amigablemente.
— ¡Tan, qué alegría verte!
— ¡Hola Rich! — responde Tania devolviendo el saludo — ¿Ha pasado mucho tiempo, verdad?
— Sí, te he echado de menos — responde él con una sonris