— Es preciosa, Ryan — dice ella con voz chirriante, mientras pasa su mano por mi cabello. — Pero creo que le falta algo. Tal vez un poco de color.
Ericka saca de su bolsillo unas tijeras y las acerca a mi rostro. Siento un pánico indescriptible, mientras lucho por alejarme de ella, pero es inútil. Me agarra con fuerza y me corta un mechón de pelo, dejando al descubierto una herida sangrante en mi frente.
— ¡Mira, nene! — exclama con entusiasmo, mientras muestra el mechón ensangrentado. — ¡Qué b