Detengo el auto con un nudo en la garganta y los ojos vidriosos una vez que llegamos al aeropuerto. El aire se siente denso y una lágrima traicionera escapa por mi mejilla, reflejando el torrente de sentimientos que me embargan en ese momento.
Ella, con su compasión y calidez infinitas, rodea el auto rápidamente y se acerca a mí con una sonrisa tierna. Me tiende la mano, ayudándome a salir del vehículo. Una mezcla de gratitud y vulnerabilidad se entrelaza en mi interior al sentir su abrazo cáli