LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRE
Capítulo 35: El Santuario de Hierro y Sal
El trueno retumbó en las entrañas del destructor como el latido de un gigante moribundo, mientras la tormenta eléctrica envolvía al buque en una mortaja de relámpagos violetas. Gabriel Vance, con la piel curtida por la sal y los músculos vibrando por el esfuerzo sobrehumano de la travesía, se deslizó por el conducto de ventilación del sector C. Sus manos, antes suaves para acariciar la espalda de Aura, eran ahora garras de a