El Vértice de la Entrega
El destructor gemía como una bestia herida en sus últimos estertores, un coloso de acero y soberbia que se desmoronaba bajo la presión implacable del Índico. El agua, oscura y gélida, ya había reclamado los niveles inferiores del buque, provocando una inclinación violenta que transformaba el puente de mando en un escenario de pesadilla y sofisticación letal. Las luces de emergencia, intermitentes y agónicas, bañaban la estancia en un rojo pulsante, el color exacto de la