POV de Mathilda
La luz de la mañana entra por los ventanales del penthouse con una insolencia dorada, pero por primera vez en años, no me molesta. Me quedo inmóvil en la cama, observando el ritmo pausado de la espalda de Elena mientras duerme. La seda negra de las sábanas se amolda a sus curvas, esas que yo mismo memoricé antes de que el bisturí las tocara.
Anoche no fue un combate. Fue una rendición. O al menos, eso es lo que mi ego quiere creer.
Me levanto con un esfuerzo contenido, tratando