POV de Enzo
El segundero del reloj de pared en mi oficina de la clínica privada avanzaba con una lentitud insultante, marcando el ritmo de mi victoria. El olor a antiséptico y a cuero nuevo me reconfortaba; era el olor del orden recuperado. Mi hombro palpitaba, recordándome que la traición tiene un precio físico, pero ver a Lila sentada en el sofá de la esquina, hojeando un libro de cuentos como si estuviéramos en una tarde cualquiera de domingo, hacía que cada punzada valiera la pena.
—¿Quiere