El día del juicio contra Agnes había llegado, y el aire en la sala del consejo estaba cargado de tensión. La gran estructura de piedra, con altos ventanales que dejaban entrar la luz del atardecer, parecía aún más imponente ante la gravedad del momento.
La manada se encontraba dividida, algunos susurraban entre ellos, mientras otros observaban en silencio, incapaces de predecir el desenlace. Alaia estaba de pie frente a todos, su rostro imperturbable, pero por dentro, sentía el peso del juicio