Nolan caminaba de un lado a otro en la sala de guerra, con la mandíbula apretada y la mirada perdida en el mapa que tenía frente a él. Las fronteras estaban siendo atacadas, y Grimmwolf avanzaba con una brutalidad que hacía temblar a cualquiera.
Pero lo que lo carcomía no era solo la inminente batalla, sino el conflicto interno que lo devoraba. Alaia había destruido lo que quedaba de su confianza, y cada vez que pensaba en ella, el resentimiento lo envolvía como una sombra oscura.
El dolor de