Están en medio de un debate moral. No entiendes por qué un hombre necesita tanto tu consentimiento, pese a lo que él te ha explicado con anterioridad. Mientras que él no concibe tocarte sin tu manifestación verbal de deseo. Esta situación los lleva a una impotencia inimaginable. Parece que el fuego volverá a apagarse cuando de repente hablas.
—Quiero, solo quiero que no me preguntes nada —dices con mucha vergüenza.
Él no dice nada más y da la conversación por terminada. Te baja los pantalones d