Clara aún se encuentra frustrada por no haber podido concretar nada con Leonel. La sensación de rechazo y la impotencia la carcomen. Está convencida de que es hora de emplear medidas más drásticas, de usar armamento pesado para conseguir lo que quiere. Con determinación, se dirige a su habitación y abre uno de los cajones de su mesa de luz. Dentro, cuidadosamente envuelto en un pañuelo de seda, encuentra el pendiente que había descubierto entre las cosas de la oficina de su padre una tarde que