Capítulo 45
El aeropuerto estaba lleno de gente, pero yo solo podía mirar a Daniel.
Desde que tomamos la decisión de que me fuera a Europa para proteger mi embarazo, ninguno de los dos había dejado de sentirse culpable. Él insistía en que no quería separarse de mí y yo solo podía pensar que, si me quedaba, pondría en riesgo a nuestro bebé.
Daniel tomó mi rostro entre sus manos. Sus ojos estaban cansados y enrojecidos por tantas noches sin dormir. Respiró hondo antes de hablar, como si intentara