Capítulo 29
Salimos del hospital con una sonrisa que ninguno de los dos podía ocultar.
Daniel insistió en ayudarme a caminar hasta el automóvil, aunque yo le repetía que podía hacerlo sola. Aun así, rodeó mi cintura con un brazo y no se separó de mí ni un segundo.
Cuando abrió la puerta del copiloto, esperó a que me acomodara antes de inclinarse para colocarme el cinturón de seguridad. Aprovechó la cercanía para besarme la frente y después permaneció unos segundos observándome en silencio.
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