Mundo ficciónIniciar sesión—¡Alto, por favor, ya, solo estaba jugando! —exclama el chico y no le creo.
Lo levanto como si fuera un trapo sucio, y lo pongo a mi altura, agarrándolo del cuello de su camiseta.
—No hay cosa que más me repugne que un tío que se cree con bolas, pero que ataca por la espalda —le suelto un cabezaz







