Lentamente, la princesa Elaine abrió los ojos, encontrándose en una hermosa habitacion bien iluminada. No era la suya, pero tampoco se trataba de la del príncipe Damino.
Ella se incorporo con cierta dificultad, sintiendo como cada musculo de su cuerpo gemia de dolor, por aquel esfuerzo.
Lo primero que hizo, una vez que se encontró sentada en la cama fue llevar las manos a su vientre, intentando encontrar cualquier pequeña señal que le indicara que la vida allí seguía latiendo. Pero no encontró