—No. —dijo el príncipe Damino de manera firme y rotunda—. No, Elaine, no quiero escuchar.
Ella observo al príncipe con notable sorpresa, mientras intentaba comprender que pensamientos habitaban su mente, cuerpo y alma. Damino no parecía enfadado, tampoco molesto, pero si estaba claro que algo le preocupaba. Con delicadeza, el alzo una mano y la coloco en la mejilla de ella, acunando su rostro con delicadeza y ternura, disfrutando especialmente aquel delicado y gentil contacto en el que sus cuer