El corazón de Elaine se había quedado duro como una roca, mientras miraba a Damino directamente a los ojos, temerosa de apartarlos y encontrar su fin.
—Te hice una pregunta, Elaine—volvió a decir el príncipe con su tono de voz notablemente afectado, mientras su mirada se colmaba de más lágrimas.
El apretaba la carta entre sus manos con fuerza, como si intentase aferrarse al recuerdo de su vida antes de que ese trozo de papel la arruinara. Damino no se movió de la cama ni un solo centímetro, el