— Definitivamente no eres digno de casarte con Aimee si no sabes distinguir entre un blanco nácar y un blanco perla.
— Estoy de acuerdo pero ya las invitaciones se corrieron y también las amonestaciones — contesto Aimee rodando sus ojos — además existe el pequeñísimo detalle que lo amo.
Yo me puse a reír y Saúl miró dulcemente a Aimee, serían felices en su matrimonio y probablemente me iba a rodear de sobrinos insoportables pero que amaría con locura.
— Desde ya les digo que yo no cuido a