— No puedes hacerme esto Lucía, no tengo adonde ir — me dijo — soy tu madre que no se te olvide.
— ¿Y? Eso no es mi problema Lina sino el tuyo — le dije fríamente — no me hagas perder la poca paciencia que te tengo.
— Soy tu madre — repitió — me debes la vida.
Yo me puse a reír y me levanté de donde me encontraba sentada para acercarme a ella quien dio marcha atrás debido al miedo del que era presa.
— No eres mi madre simplemente me pariste, hay una diferencia enorme entre ambas cosas