— Lo dudo mucho, retírese antes de que la saquemos a la fuerza — dijo el otro guardia.
Los guaruras me miraron de pies a cabeza, es cierto que no venía vestida como los demás clientes pero eso no les daba el derecho de tratarme así.
— Déjenme pasar antes de que me colme la poca paciencia que me queda.
Intenté abrirme paso pero ellos me tomaron cada uno de un brazo y me levantaron en el aire para sacarme de la boutique.
— ¡AIMEE!— grité mientras mis pies daban patadas en el aire.
Di un grito muy