9.

Los ojos de Nora se abren lentamente, algunas legañas formadas por tanto llorar pegan sus párpados y tiene que tallarlos con gentileza para no inflamarlos más de lo que ya están. Se acomoda en la cama, apoyándose sobre sus antebrazos y analizando la habitación donde está, recordando lo que le ha ocurrido hasta ahora, con horror.

—Buenos días —dice D’Angelo sin saber muy bien hasta qué punto acercarse a Nora. No quiere asustarla más.

—Buenos días —contesta por educación, no por gusto.

—¿Tienes
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