Sahir
Coloqué a Maisha en la cama, cómoda, y le avisé que resolvería algunos asuntos pendientes, ya que tenía muchas tareas y necesitaba hablar con Pashir. Él tendría que ayudarme con algunas cuestiones, ahora más que nunca.
Me quedé pensando en el humor ácido de Miriã. Si soy sincero, a veces hasta es graciosa. Habla demasiado, ¿no? Llega a ser cómico.
Llegué a la oficina y Pashir ya me estaba esperando. Claro que antes pasó por su casa para dejar a Khandra.
Pashir: — Entonces, ¿se quedó bien