Carlos Gabriel bebía varios sorbos de café en su oficina, ejercitaba su cuello de un lado a otro, dormir junto a su hijo había sido una maravillosa experiencia; sin embargo, jamás imaginó que el pequeño fuera tan inquieto, suspiró al recordar un par de manotazos que le dio con sus brazitos, y como los pies de Angelito aparecieron en su boca.
Sonrió y suspiró profundo; sin embargo, aquella alegría se le borró cuando rememoró las ilusiones que tenía el niño de tener una familia, cerró sus ojos n