2.

—Todo bien... me hice estudios, aún no me entregan resultados— le digo sin emoción en la voz, simplemente no quiero seguir hablando de eso, espero y lo entienda.

—¿Sabes que puedes contar conmigo?—, y él sabe que no estoy siendo totalmente sincera, creo que no debería de ser así por todos los años de amistad que tenemos, pero tengo mis motivos.

—Lo sé Cliff... lo sé... — veo sus ojos a través del espejo retrovisor y noto la preocupación en ellos —…sabes que si fuera algo grave te diría de inmediato—. Le sonrío aunque sé que no puede verme.

El resto del camino lo hacemos en silencio, en cuanto llegamos a la mansión los guardias de la puerta nos dejan entrar, avanzamos un largo tramo arbolado, pasando por una pequeña fuente decorativa, llegando hasta la entrada. Es una casa enorme, miles de habitaciones, una cocina enorme, un salón para reuniones, todo es demasiado; a unos cuantos metros están los cuarteles donde viven los hombres que están a mi servicio, en sí, la mansión solo la habitamos Cliff y yo y algunas personas de servicio que le ayudan a Cliff a limpiar y ordenar, parece demasiado espacio para dos personas, es un lugar que por lo general es oscuro y frío. Recuerdo que hubo un tiempo en el que no era así, era en esos días cuando mis padres seguían vivos, siempre había gente por todos lados, ahora esto está tan muerto como ellos.

Cliff me ayuda a quitarme el abrigo de encima, mientras lo cuelga yo me quito los guantes de piel y camino pesadamente, mis tacones hacen eco en el recibidor, antes de subir las escaleras hacia mi habitación, una chica del servicio se acerca con unos papeles en las manos me los extiende y Cliff se acerca con curiosidad.

—Los hombres que usted mató señorita tenían un tatuaje en la nuca... parece ser el símbolo de uno de los antiguos— lo veo y no lo creo, los tres tienen el mismo tatuaje, las fotos no mienten.

—Vaya... entonces eran peones— sigo viendo el informe y le paso las fotos a Cliff quien las ve con curiosidad. —¿Por qué enviar peones a hacer un trabajo de un profesional?, no es por enaltecer mi habilidad, pero... ¿peones?—, volteo a ver a Cliff como si él fuera capaz de entender mi molestia.

—Tal vez solo fue una advertencia— regresa el informe a la chica y esta lo toma con cuidado de no arrugar las páginas. —Investiga a que antiguo pertenece ese símbolo— la chica asiente con la cabeza y se esfuma de la misma forma en la que apareció.

Los antiguos son vampiros tan viejos que no se sabe su edad exacta, sospecho que ni ellos la saben, por lo general son vampiros tranquilos, no salen de sus guaridas, se alimentan con control y no crean más vampiros de forma irresponsable, de hecho cuando llega a haber algún vampiro joven que intenta crear un caos con neófitos ellos los silencian antes de que nosotros tomemos cartas en el asunto, nunca habíamos tenido problemas con ellos. Tienen humanos a su disposición, los marcan con un tatuaje, como si fueran ganado, sirven como comida o como mandaderos, no todos terminan siendo vampiros al final de su trabajo, pero aceptan ese destino, tampoco es que sean obligados, la mayoría de los humanos saben que pueden volverse vampiros o pueden volverse la cena, solo los movidos por la vanidad y el interés aceptan el riesgo.

Lo único que sabemos de estos viejos vampiros es que son doce y se autonombran titanes, asemejando a la mitología griega, incluso se han nombrado como ellos, Océano, Ceo, Crío, Hiperón, Jápeto, Febe, Minemosine, Rea, Temis, Tetis, Tea y claro... Kronos. Jamás los he visto en persona, pero incluso son temidos por los cazadores más experimentados.

—Fue un camino largo, iré a dormir... despiértame si algo emocionante pasa— le digo a Cliff quien solo me ve fijamente, se cruza de brazos y me deja ir sin alegar nada más.

Subo las escaleras con pereza hasta llegar a mi habitación que resulta ser la más lejana de todas y la más fría, dejo mi maleta en la cama y saco toda la ropa que aunque es poca me pesa, estoy demasiado cansada para estar ordenando mis cosas, creo que lo dejaré para después, me quito la ropa que traía y me cambio por algo más cómodo, encuentro un camisón de seda color vino. Voy al baño a lavarme la cara y me quedo por un momento viéndome fijamente, noto un pequeño rasguño arriba de la ceja izquierda, cuando levanto mi mano para tocarlo veo que tengo un moretón en la muñeca que cada vez se hace más grande, claro, no podía salir bien librada de ese accidente a mitad de avenida. Empiezo a toser y no puedo detenerme, siento como me duelen los pulmones, pero la tos no cesa, ese sabor a óxido se apodera de mi boca, termino escupiendo en el lavabo lo que creía que era una flema, pero parece un coágulo, abro la llave del agua obligándolo a irse por la coladera, levanto mi rostro de nuevo al espejo y veo mis labios pintados de rojo por la sangre, el color es tan vivo y nítido, casi como el color de mi cabello, me limpio la boca, me lavo los dientes para deshacerme de ese desagradable sabor y decido ir a la cama, por el día de hoy no quiero saber nada más.

Me visto para salir de fiesta, una minifalda negra, una blusa de encaje roja con un escote algo pronunciado sin mangas, me pongo las botas negras que llegan hasta medio muslo y una chamarra de piel negra, no sé si me veo como chica fiestera o prostituta. Recojo mi cabellera en una cola de caballo y salgo de mi habitación con paso rápido, me dirijo hacia el comedor y ahí veo a mi soldado estrella, alguna vez fue mercenario, mi padre creía en la fidelidad de la gente que no tiene nada y le das una oportunidad y hasta ahorita ha funcionado, él al igual que mis demás hombres son los hijos de los mercenarios que alguna vez mi padre contrató para resguardar este lugar y pelear contra los monstruos. 

—Mon Cheri, un gusto verla de regreso — me dice Pierre, es el líder de los mercenarios que trabajan para mí. 

La casa Stoneblack es la única que trabaja con mercenarios, las demás casas adoptan gente de la milicia, el coronel es quien destina a sus mejores hombres para trabajar con nosotros, cuando mi padre murió permanecí al margen de sus enseñanzas, con la ayuda del señor Burtón, padre de Cliff, aprendí a sobre ponerme a la presión de quienes creen estar por encima de mí. Cuando Kaspar Zajac se volvió coronel quiso volver a insistir con meter a sus hombres dentro de mis filas, yo ya había rechazado a tanta gente al querer meter sus narices en mis asuntos que no me costó mucho rechazarlo, pese a que él me lleva como diez años de edad yo le llevo un siglo de experiencia, no presumo, pero ya tengo un colmillo que hasta me arrastra de tan largo que es. 

—¿Y bien?, ¿ya sabemos el plan?—, veo el rostro del capitán de mis mercenarios, parece confiado y listos, solo espero que no haya ninguna baja el día de hoy. 

Salimos de la mansión, pero en vez de usar las tanquetas que normalmente llevamos para las misiones, usamos un carro más sencillo, un Alfa Romeo que usamos para las misiones pequeñas, modestas, que no necesitamos llamar la atención, por lo menos no mucho.

Vamos rumbo a un club nocturno, mi gente de inteligencia ha notado comportamientos extraños de ese lugar, el vampiro que crea a los neófitos debe de tener alguna relación con ese lugar o por lo menos debemos de encontrar alguna pista, no vamos en plan de matar, pero haré lo necesario para conseguir algo de información. 

Llegamos a una puerta grande y luminosa, los focos neón alumbran el nombre del lugar, "NEW BLOOD", con luces rojas que parpadean al ritmo de la música que suena dentro. Tanto Pierre como yo nos quedamos un momento con la mirada fija en el lugar, visualizando las entradas y las salidas, y claro, el par de gorilas que cuidan la entrada, después de sacudirnos los nervios y respirar profundamente, nos animamos a acercarnos, lo tomo del brazo mientras reímos alegremente aparentando ser pareja, la fila es muy larga y simplemente decidimos saltárnosla, hasta que uno de los simios enormes pone su mano frente a nosotros y con cara de mandril molesto nos detiene. 

—A la fila— su voz suena sin sentimiento, parece que es una frase que ya está acostumbrado a decir seguido. 

—¡Vamos!, no me hagas esto, ya quiero entrar— hablo pareciendo caprichosa y vacía, volteo hacia Pierre que me sigue el juego. 

—Oye amigo, mi nena quiere entrar, ¿qué podemos hacer para acelerar el trámite?—, dice Pierre mientras saca un fajo de billetes de entre la camisa, veo al grandulón con ojos suplicantes, acepta el estúpido dinero y dejamos pasar. 

—¡Ey!, ¡Tú!—, una voz femenina se hace oír, busco con la mirada de donde viene hasta que una rubia despampanante, de ojos granate y labios carnosos se acerca a nosotros con curiosidad. —¡Vaya!, una pelirroja de ojos azules— se planta frente a mí inspeccionando mis ojos y mi cabello, ¿por qué tanta fascinación?, —¿te pintas el cabello?, ¿usas pupilentes?—, alcanzo a notar como sus pupilas se retraen hasta formar una línea vertical perfecta, estamos frente a una vampiresa, no puedo desaprovechar mi oportunidad. 

—Jajajajajajaja ¡Ay!, ¡claro que no!—, hago mi mejor esfuerzo por sonar superficial y estúpida, creo que lo estoy logrando —son naturales— le digo con orgullo mientras pestañeo rápidamente luciendo mis ojos. 

—¿Sabías que el menos del 1% de la población tiene esas características?, eres única— me dice con demasiado interés, más del que me agrada, toma un mechón de cabello que cae de mi cola de caballo por mis hombros. 

—¿En serio?, ¡wow!, ¡no lo sabía!—, aparento una emoción desmedida y noto como Pierre solo me ve sorprendido por mi actuación, incluso algo avergonzado. 

—¿Quieres entrar?—, me pregunta con una sonrisa en los labios, alcanzo a ver sutilmente sus colmillos.

—¡Sí!, ¡si quiero!—, le digo con emoción mientras ella retira el cordón de terciopelo para dejarme pasar, cuando Pierre intenta acompañarme el gorila pone su mano sobre su pecho dejando afuera. 

—Espera, ¿qué?, ¡vengo con ella!— le dice exigiéndole entrar, tanto la rubia como yo volteamos a verlo. 

—Lo siento querida, pero él no puede venir... si deseas regresar con él puedes hacerlo— me dice con amabilidad, esperaba más hostilidad de su parte. Veo a Pierre quien se queda esperando. 

—Perdón amor, pero las cosas son así... de todas formas lo nuestro no iba a durar— le guiño un ojo y noto como lo dejo con la boca abierta mientras doy media vuelta y camino con la rubia. 

Caminamos hasta llegar a la pista de baile, los cuerpos se mesen en un vaivén al ritmo de la música mientras las luces neón iluminan todo lo que el humo intenta cubrir. Al rededor hay mesas con gente tomando, intentando platicar cosa que se me hace imposible con la música tan alta. La mujer no hace por explicar nada, solo vigila que la esté siguiendo, supongo que esto es lo que quería. Nos alejamos del barullo de la música y el baile para llegar a unos asientos apartados, están dispuestos en forma semicircular y una cortina semi-transparente los aleja de todo lo demás, se ven luces de colores a través de estas. La rubia decide detenerse y voltea hacia mí para acomodar mi cabello por mis hombros. 

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo