23.

—Bueno, si es mi culpa, déjame enmendarlo— en cuanto dice eso toma mi mano y la aleja de mi boca para meter mi dedo herido en su boca.

Sus ojos se quedan fijos en los míos, tienen esa apariencia animal, salvaje, feroz, siento como su lengua se desliza alrededor de mi dedo y no puedo evitar sonrojarme, mi cara está caliente, las palabras se agolpan en mi garganta, pero no logro decir ni una sola, simplemente me quedo congelada viendo cómo se delei

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