Entonces, siento cómo una lágrima cruza por mi mejilla por darme cuenta en la forma en que he sido traicionada por mi propio esposo.
―Eso no es de tu incumbencia―le dice esta vez Dylan, como si esa fuera una respuesta para todo―ahora, lo que habíamos convenido―le solicita y ahora Neil se ríe con ganas.
―Verás, amigo Dylan, el haber convencido a toda esa gente, mientras tú te encargabas de desviar la atención de Amanda, pues, ha supuesto que tenga que subir el precio por mi trabajo―le indica la