Ver la manera en que el yate de Dylan está siendo evacuado, hace que me recorra rabia líquida por mis venas.
Y no es que me creyera la dueña de la embarcación ni nada, porque, a pesar de tener todos los derechos, porque soy la esposa de Dylan, no se me olvida de que nuestra unión está ligada a un acuerdo y que dentro de un año, ya no seremos nada él y yo.
Pero es que no hay un motivo aparente para que se encendiera una de las cubiertas.
A menos que estuviera movida por la envidia, así que miro