Mundo de ficçãoIniciar sessãoViolet é uma jovem inocente,que tem sua vida virada de cabeça para baixo, quando sua família a casa não com um mais dois membros da máfia italiana. seu choque é maior quando descobre que seus futuros maridos são seus amigos de infância e que eles nutriam um amor escondido por anos.
Ler mais—Catrina Castillo. Orden de deportación inmediata —dijo el hombre encapuchado, con las siglas de agente de migración en su uniforme.
¿Cómo…? ¿Qué hacía un agente de migración en mi hogar? Después de tantos años escondiéndome de ellos, desde mi adolescencia, habían dado con mi ubicación. La lluvia torrencial golpeaba las ventanas, evitando que se escucharán los latidos acelerados de mi corazón. —No, debe haber un error. Yo tengo… —El labio inferior me tembló, siendo consciente de que era mentira. No tenía nada. Mi padre y yo habíamos entrado a este país de manera ilegal hace tres años, buscando escapar de la pobreza y los carteles. Nos hemos dedicado a trabajar honradamente, sin molestar a nadie. —Nada —Completó por mí—. Eres una ilegal. Sus manos gruesas sujetaron mis brazos antes de que pudiera reaccionar. —¡No, suélteme! ¡Mi novio es Connor Ronchester, el heredero de la fortuna Ronchester! ¡Él puede arreglar esto! —grité, forcejeando. No podía dejar que me llevarán, que me arrancarán todos los sueños que he tejido. Abandonar a mi padre, quién se encontraba realizando un turno nocturno en su trabajo, afortunadamente. Y Connor… Pensaría que lo abandoné. —Que chica tan ilusa —Soltó una risa baja, cargada de burla—. ¿Crees que no lo sé? Fue el propio Ronchester quien me dio tu dirección. Y me pagó muy, muy bien para que te llevara de vuelta a tu país sin que quedara rastro. Un trabajo limpio. Dejé de resistirme. Sus palabras me paralizaron por un segundo, pero entré en razón rápidamente. Connor jamás sería capaz de hacerme eso. Nos amamos. —Mentira —dije con seguridad. Con un movimiento brusco, sacó su teléfono. Una pantalla brillante me cegó. Allí, un comprobante de transferencia bancaria. Cuenta origen: Connor J. Ronchester. Beneficiario: Departamento de Control Migratorio (consulta confidencial). Cantidad: una cifra con tantos ceros que me dolió mirarla. Fecha: Hoy. Cada dígito era una puñalada. Cada cero. Sentía que sangraba por dentro. —No… —susurré, negando con la cabeza. Mi mente quedó en blanco y él aprovechó la oportunidad para darme la vuelta, colocando mis manos en la espalda. Pude escuchar como abría las esposas. El metal frío rozó mis muñecas. Y fue como un interruptor. Con toda la fuerza que mi desesperación permitió, lancé mi cabeza hacía atrás. Mi cráneo impactó contra su nariz y escuché un crujido, seguido de un grito ahogado. Su agarre se debilitó y no lo pensé dos veces. Corrí. Salí de mi hogar, siendo recibidas por las furiosas gotas de agua. No me detuve. Lo único que pasaba por mi mente era la libertad que me querían arrebatar y Connor, el hombre del que estaba perdidamente enamorada y se intentó deshacer de mí. Mis pies me guiaron a una dirección exacta: La mansión Ronchester. Llegué, empapada, con los dientes castañeando, el frío filtrándose por mis huesos y el corazón a punto de salirse por mi garganta. Las luces y la música se adueñaron de mis sentidos. Al poner un pie en el gran salón, todo se detuvo. Las risas, el choque de copas. Más de dos docenas de pares de ojos cayeron sobre mí. Invitados al cumpleaños del señor Edmundo Ronchester, el padre de mi novio. Mismo cumpleaños al que no fui invitada porque no me aceptaban en la familia. Pero Connor estaba trabajando en ello… o eso pensé. Ignorando a aquellos que me juzgaban, atravesé el salón, buscando al hombre que me robó el corazón hace un año, cuando apenas tenía dieciocho, y quién me lo acababa de destruir. Necesitaba verlo, que me lo dijera a la cara, que terminara de romper lo que estaba construyendo. Y lo vi, al joven pelirrojo de veintiún años. Junto a la chimenea, apartado, con una copa de whisky en la mano y esa expresión pensativa que creía conocer. Nuestras miradas se encontraron a través del salón. Su rostro pasó de la sorpresa a la preocupación genuina, y por un segundo, el comprobante en mi mente vaciló. —Catrina —dijo mi nombre al acercarse, y sonó tan real, tan lleno de esa calidez que me había hechizado. Estuve a punto de caer, de creer en su farsa, pero las palabras del agente abrumaron mi mente, los ceros en la pantalla. La traición me quemaba al punto de consumirme. —¿Cómo pudiste? —La voz me temblaba, ahogándome con las palabras—. Me vendiste. Le pagaste a ese hombre para que me desapareciera. Frunció el ceño, confundido. —¿De qué estás hablando? No, Catrina, escucha… —¡Lo vi, Connor! ¡Vi tu nombre en la transferencia! ¡Le pagaste hoy para que me deportara! —grité, sin importarme los estirados millonarios a mi alrededor. —No, jamás haría algo semejante —Negó con la cabeza. Intentó tomar mi muñeca, pero me aparté. No quería que me tocará. No sólo por la traición, sino porque temía terminar de derrumbarme. Él agrandó los ojos ante mi evidente rechazo. —Connor, ¿por qué la dramatización? —Giré la cabeza para ver a la dueña de la horrible voz. Cecilia Ronchester, la medio hermana de Connor—. Fue lo correcto, todos lo sabemos —Con su gesto arrogante, me miró directo a los ojos—. Querida, es hora de que entiendas. Mi hermano necesita casarse con alguien de su clase. La heredera Cambridge, para ser precisos. Este... apego contigo era tierno, pero tenía que terminar. Y esta era la forma más limpia. Sonrió con malicia. Esta mujer me ha detestado desde el primer día, así que debía estar gozando al máximo con mi sufrimiento. Observé a los presentes, el juicio en sus ojos, las miradas de desprecio. Todos estaban de acuerdo con ella, con lo que me hicieron. Como si yo no fuera una persona con sueños, intentando salir adelante. —¡Cállate, Cecilia! —gritó mi novio—. Eso no es verdad. Pero el daño estaba hecho y yo había visto las pruebas con mis propios ojos. El rico deshaciéndose de su pasatiempo pobre. Y yo, la ingenua que lo confrontaba en público. Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a Connor, su gesto suplicante. Falso, falso, falso. Y eso era lo que más me dolía, que no se hiciera responsable de sus acciones, que siguiera con su actuación de chico bueno. No quería que me viera derramar lágrimas por él. Di media vuelta, escapando del lugar, de las miradas, de mi propio dolor. —¡Catrina, espera! —gritó, pero no me detuve. Corrí por el jardín, cubriéndome una vez más con la fría lluvia. Una mano me tomó por la muñeca, obligándome a voltear. Choqué contra el torso de Connor. —¡Tienes que creerme! ¡No hice eso! ¡Alguien está jugando con nosotros! —¡Me mostró la prueba, Connor! ¡Tu nombre, tu cuenta! ¿Qué más quieres que crea? —¡Que confíes en mí! ¡Después de todo lo que hemos vivido juntos…! —Su voz se escuchaba con fuerza a pesar de la lluvia. Sus ojos verdes mostraban su enfado. —¿Después de qué? ¿Después de mentirme? ¿Después de esconderme? ¡Tú familia nunca me aceptó, Connor! ¡Quizás este siempre fue el plan, usarme y desecharme! Tensó la mandíbula. —¿En serio? ¿En serio piensas que soy capaz de eso? No pude resistirlo más, las lágrimas derramándose contra mi voluntad. —Te vi —dijo con seguridad a pesar del temblor de mi labio inferior—. Lo vi con mis propios ojos. Me soltó la muñeca, como si le quemara. Retrocedió, viéndome como si no pudiera creer lo que escuchaba. —Si puedes creer tan fácilmente que soy un monstruo —dijo, su voz sonando tan fría como el acero, como nunca lo había escuchado antes—. Entonces, quizás nunca me conociste en realidad. Sus palabras fueron como un puñetazo en el estómago. —Quizás no —susurré, con mi orgullo y mi corazón heridos—. Esto se acaba aquí, Connor Ronchester. —Yo no reconozco esta ruptura. Puedes huir, puedes esconderte, puedes intentar odiarme. Pero esto no ha acabado. Un día, tendrás que volver a mirarme. Y para cuando ese día llegue, me aseguraré de atarte permanentemente a mí. Me negué a creer en aquellas palabras. Giré sobre mis talones, caminando sin mirar atrás, dejándolo como parte de mi pasado, porque eso era lo que formaría. Ya que esta misma noche, me iría de esta ciudad y jamás regresaría. «No permitiré que la vida nos vuelva a unir, Connor Ronchester. Te lo prometo»EPÍLOGO Salvatore Desde o primeiro instante em que segurei Violet em meus braços, no dia de seu nascimento, eu soube que ela seria a pessoa que eu amaria incondicionalmente. Desde aquele momento, dediquei todo o meu amor e cuidado a ela. Violet me proporcionou tudo o que sempre desejei: amor e a experiência de ter uma família.O Natal sempre teve um significado especial para ela, especialmente quando criança. No entanto, neste ano, a festividade ganhou uma nova profundidade para nossa família, pois celebrávamos o primeiro Natal de Lis. A atmosfera estava repleta de alegria enquanto organizávamos cada detalhe para tornar esse momento inesquecível para nossa pequena.Enquanto eu finalizava a decoração da árvore de Natal, não conseguia deixar de refletir sobre como nossas vidas se transformaram para melhor. Lis, com seu sorriso encantador e olhos verdes brilhantes que herdou da mãe, tinha a capacidade de fazer até os d
MATTEOOito meses depois...Docinho está na reta final da gravidez e vamos ter uma linda filha chamada Lis. Sua gravidez foi cheia de cuidados devido ao acidente, principalmente quando descobrimos que Cecília estava por trás de tudo o que houve no acidente, porque era apaixonada por Violet. Sua verdadeira intenção naquela noite era matar todos nós para deixar os negócios para Leandro em troca de fugir livremente com Violet. O que aquela desgraçada não imaginava é que Leandro também se interessaria por nossa pequena.Quando ela descobriu que demos um fim em Leandro e estávamos com Docinho novamente, ela tentou se aproximar fingindo arrependimento e bolou aquele sequestro junto com Enzo para tentar nos derrubar mais uma vez. Da sorte que nossos homens conseguiram capturá-la e levá-la para o Balcão e, assim como os outros, eu fiz ela pagar tudo o que fez a nós. Até o suposto amor que ela sentia por sua amada era mentira, tudo para tentar ficar ao lado de Viol
VIOLET Um mês depois...Esse um mês foi um porre de fofura da parte dos meus maridos. Depois que saí do hospital, eles não deixavam eu me levantar da cama para nada, nem mesmo ir ao banheiro. Me carregavam no colo o tempo inteiro. Isso me deixou um pouquinho irritada, mas depois eu começava a chorar pedindo desculpas e eles falavam que não tinha problema, pois eram os hormônios.Eu mesma ainda não me acostumei com essas mudanças repentinas de humor, mas tanto eu quanto eles estamos bobos com essa gravidez. O que me deixa mais feliz é saber que, mesmo não sendo planejado, eles ficaram super entusiasmados.Calço minha pantufa e me levanto com cuidado, desço as escadas devagar. Sei que eles vão surtar quando me verem em pé, mas não posso passar nove meses deitada em uma cama. Vou calmamente até o escritório e vejo os dois centrados em seus computadores. Meu Deus, como eu posso ter dois maridos tão lindos assim?— Olhando assim, nem parece que matam pessoas — d
VIOLET Uma semana e meia depois...Abro meus olhos e a primeira coisa que vejo é o teto branco, tentando me acostumar com a claridade que incomodava um pouco. Olho para o lado e vejo meus maridos deitados em um sofá, todos tortos. Tento me sentar com um pouco de dificuldade e sinto uma leve pontada na barriga. Olho em volta e vejo vários aparelhos ligados a mim.— Amores! — chamo baixinho. Eles resmungam, mas não acordam. Chamo mais uma vez, um pouco mais alto, e eles vêm em minha direção rapidamente.— Borboleta, você acordou! Graças a Deus! — vejo Salvatore dizer com os olhos marejados.— Você está bem, docinho? — Matteo pergunta, preocupado.— Acho que sim, sinto minha barriga um pouquinho dolorida e também estou com fome.— Vou chamar o médico para ver como está, mas antes precisamos conversar sobre um assunto. — Salvatore diz, pegando minha mão e beijando-a.— O que foi? Eu tenho alguma coisa grave? — pergunto a eles, preocupada.— Fique calma, meu a
Matteo O homem, agora cercado e claramente abalado, começa a hesitar. A adrenalina pulsa em minhas veias, e meus olhos revelam a raiva que me consome.— Você precisa fazer uma escolha — digo, mantendo a voz controlada e firme. — Fale agora ou enfrente as consequências. Ninguém aqui mostrará misericórdia.Ele tenta desviar o olhar, mas sinto que a pressão está surtindo efeito. A necessidade de respostas torna-se cada vez mais urgente.— Tudo bem, tudo bem! — ele finalmente cede, levantando as mãos em sinal de rendição. — Eu falo, só não façam mais nada.Salvatore e eu trocamos um olhar, percebendo que estamos começando a quebrar sua resistência.— Comece do começo. Quem estava no carro que perseguiu Violet e Helena? — pergunto, mantendo o tom calmo, mas decidido.— Foi um trabalho. Um cara chamado Enzo contratou alguns de nós para dar uma lição em vocês. Ele está furioso por causa de negócios que deram errado — revela, com a voz trêmula.— Enzo..
Salvatore Continuo a percorrer os corredores do hospital, minha mente fervilhando com estratégias e planos. O fardo da responsabilidade pesa pesadamente sobre meus ombros, mas não posso permitir que isso me enfraqueça. Cada passo que dou é impulsionado pela determinação de proteger minha família, garantindo que Violet e nosso bebê estejam seguros e saudáveis.Encontro Luca, um dos meus homens, aguardando ansiosamente informações sobre o estado de Violet. Seu olhar é grave, e a tensão no ar é palpável.— Salvatore, temos novidades sobre o carro que as perseguiu. Um de nossos informantes conseguiu identificar a placa — ele diz, entregando-me um papel com os detalhes.— Excelente trabalho, Luca. Precisamos descobrir a origem do veículo e quem estava dirigindo — respondo, analisando as informações.— Estamos revisando as câmeras de segurança da área e tentando rastrear o carro. Parece que ele pertence a uma empresa de aluguel, não está registrado em nome










Último capítulo