Capítulo 38
Tenía que apoyarlo, Desde el primer segundo estuve segura de que Edward era inocente. No podía imaginarlo como un asesino. Conocía su forma de pensar, su sentido del bien y del mal. Edward jamás le habría hecho daño a Mike. Por más errores que hubiera cometido en su vida, matar no era uno de ellos.
Solamente lo estaban acusando por la herencia que siempre se disputó entre la hermana de Edward y Mike, y si quizás era un motivo muy fuerte, pero Edward jamás haría algo así.
Lo acompañé a la estació, sentada en la patrulla donde se lo llevaban, no podía creer que un día me vería en esta situación.
El camino fue silencioso. Él miraba al frente, serio, con las manos tensas. Yo sentía un nudo en el estómago incrédula de lo que estaba pasando. Apenas llegamos, llamé a uno de los mejores abogados de la ciudad. No me importó el costo. No iba a escatimar cuando se trataba de él. Hablé firme, clara, dejando en claro que no aceptaría negligencias.
Cuando Santiago y mi papá se enteraro