Capítulo 8. El príncipe de los idiotas
—¿Cómo me has llamado?
Will tuvo la poca vergüenza de no parecer arrepentido.
—Lobita.
Lo dijo otra vez.
Más despacio.
Mi piel reaccionó de una forma que me enfureció todavía más.
Calor.
Directo al cuello.
Después las orejas.
Perfecto.
Hasta mi cuerpo estaba dispuesto a humillarme delante del príncipe de los idiotas.
Cleo, por supuesto, estaba encantada.
Lobita.
—Tú no lo repitas.
Me gusta.
—Pues a mí no.
Mentira.
Me quedé mirando a Will.
—No vuelvas a llamarme así.
Sus ojos bajaron hasta mi bo