—Carter, Carter… Carter… ¡Carter!
El castaño abrió los ojos de repente, encontrándose con los ojos esmeraldas de Madison.
—Hola —saludó con una sonrisa la chica, tal y como lo hacía todas las mañanas.
—Hmp —respondió adormilado, frunciendo el ceño y tapándose con un brazo los ojos para protegerlos de la dañina luz de la mañana, que entraba por la enorme ventana que abrió Madison sin ningún cuidado.
—Hoy me ha costado despertarte más de lo normal. Es extraño levantarme y no encontrarte desayunan