Carter frunció el ceño y gruñó. Aquello no era propio del comportamiento de ella. Siempre que pasaba alguna emergencia en el trabajo o que sucedía algún retraso, ella llamaba para hacérselo saber, aunque a él no le importara a qué hora llegase al apartamento.
Pero ahora era diferente. Se le ocurrían millones de razones por las que Madison no hubiera llegado pronto y por las que no hubiera llamado: una emergencia, que se hubiera quedado dormida, que le hubiera salido una guardia, que hubiera sal