—¡Buenos golpes, hija! Desde siempre he dicho que Carter merecía que le golpearan de vez en cuando —habló de repente Brandon, entrando por la puerta corrediza de cristal que daba al patio.
Thomas sonreía divertido.
—Vamos papá, cállate —dijo Carter sonriendo altanero. De pronto, sintió otro golpe en el estómago—. ¡Hmp!
—Cállate tú mejor, que tu padre tiene razón —dijo Madison, mientras se cruzaba de brazos y lo miraba sonriente de reojo.
Los padres se rieron y acompañaron a la pareja al salón