Narrador
Astrid se quedó paralizada en la puerta, conteniendo la respiración mientras sus ojos recorrían la oficina.
No podía creer lo que veía.
Flores, tantas flores cubrían casi todas las superficies. Ramos envueltos en papel elegante abarrotaban su escritorio, se derramaban sobre su silla y rodeaban la pequeña mesa junto a la ventana. Cajas de dulces estaban apiladas con cuidado al lado, algunas atadas con lazos, otras abiertas de forma tentadora. El suave aroma de rosas, lirios y algo cítri