Aiden
—¿Cuándo vas a dejar de ser tan terca, Luna?
Las palabras salieron de mi boca más altas de lo que pretendía, mi voz resonando por el restaurante como un trueno. Las conversaciones murieron al instante. Los cubiertos se detuvieron en el aire. Todas las cabezas se giraron hacia nosotros, la curiosidad y la tensión mezclándose densamente en el espacio.
Apenas los noté.
Solo podía ver a Astrid.
Ella se tensó en el momento en que mi voz retumbó, los hombros rígidos, la espalda enderezándose co